Autobus para fiestas de despedidaAlberto era el primero de todos nosotros en casarse. Recibimos la noticia con estupor, pues él nunca se había parecido en lo más mínimo al típico padre de familia o marido ejemplar. Es cierto que desde que conoció a Susana las salidas nocturnas habían disminuido (tanto en cantidad como en intensidad) y que cada vez parecía asumir más responsabilidades, pero aún así la idea de una boda nos pilló por sorpresa.

Nos habíamos conocido unos 8 años antes en la facultad y desde el primer momento formamos un grupo bastante unido. Éramos seis chicos jóvenes, inquietos, que compartimos aula, apuntes, piso y, en ocasiones, incluso chicas. Por eso, ante la idea de perder a uno de los nuestros, no quisimos dejar escapar la oportunidad de organizar una despedida de soltero de las que hacen historia. Alberto iba a ser el protagonista de una fiesta espectacular, en la que rememoraríamos nuestros años más disparatados y con la que le desearíamos todo lo mejor en su nueva etapa.

Estuvimos semanas preparándolo todo, hasta que llegó el gran día. Sobre las cinco de la tarde fuimos a recoger al protagonista a la puerta de su trabajo. Le vendamos los ojos y lo subimos a un autobús completamente equipado para la ocasión. Cuando la música comenzó a sonar y el motor se puso en marcha, dejamos que Alberto mirara a su alrededor. Estaba tan sorprendido que le costó trabajo descubrir hacia dónde nos dirigíamos… Después de un recorrido por las calles de la ciudad, con comida y bebida, nos detuvimos en uno de sus restaurantes favoritos. Allí disfrutamos de una deliciosa cena, aunque al final tuvimos que salir corriendo porque Estaban quiso llevarse a casa todos los rollos de papel higiénico del cuarto de baño. Aún recuerdo la mirada atónita de los camareros viéndonos abandonar el local con los rollos cayéndosenos de los brazos…

La última parada fue en la discoteca. Allí una stripper nos realizó un baile sensual y muy erótico. Lo más gracioso fue cuando Alberto descubrió que era un hombre… ¡creo que nunca en la vida olvidará ese instante! Después continuamos bebiendo, comiendo y bailando hasta que amaneció.

Semanas después Alberto contrajo matrimonio. La boda fue preciosa y todos sus amigos estuvimos allí para verlo. Sin duda alguna aquella despedida de soltero afianzó aún más nuestros lazos y nos hizo sentir cómplices y felices de poder compartir con él esos momentos irrepetibles y tan importantes.

¿Te acuerdas de aquella despedida de soltero?
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